El diseño como forma de cuidado

Por Audrey Lingstuyl

El diseño calmado como forma de cuidado nos invita a crear condiciones, no comportamientos; a respetar ritmos, no acelerarlos; y a acompañar, en lugar de mandar.

calm design and care - image by Dave Hoefler

imagen por Dave Hoefler

El cuidado crea condiciones, no impone control.

Cuidar de alguien, ya sea un bebé, una persona mayor o cualquier persona en un momento de vulnerabilidad, reorganiza silenciosamente nuestra percepción del tiempo, la atención y la agencia. Los días dejan de estar estructurados por tareas a cumplir y se orientan por ritmos a seguir. Hay muy poco que optimizar. Principalmente, hay espera, observación, ajuste y presencia.

Es una práctica lenta, repetitiva y exigente. Pero también generosa. Cuidar requiere dar tiempo, suspender el control y aceptar que no todo puede o debe acelerarse. Desplaza el foco de hacer más a simplemente estar presente.

En medio de esta experiencia, surge una pregunta: ¿y si el diseño funcionara más como el cuidado?

El cuidado se discute con frecuencia como un valor ético o social, pero rara vez se considera un principio de diseño. Sin embargo, cuidar consiste fundamentalmente en modelar condiciones. Crear entornos, ritmos y relaciones que permitan a otros existir, crecer y descansar sin coacción ni presión. Se manifiesta no como optimización o control, sino como presencia, paciencia y acompañamiento.

Desde esta perspectiva surge una pregunta más amplia para la práctica del diseño: ¿puede el diseño operar no solo como herramienta de eficiencia o persuasión, sino también como forma de cuidado?

El cuidado como práctica relacional

En la ética feminista y la teoría del cuidado, cuidar no se entiende como una transacción o un servicio, sino como una práctica relacional. Es contextual, situada y atenta a la vulnerabilidad y la dependencia. Cuidar no consiste principalmente en intervenir, sino en mantenerse receptivo. Requiere sensibilidad a los ritmos, a los momentos de fragilidad y a los límites del control.

En la vida cotidiana, cuidar a un bebé hace esto especialmente evidente. No se impone un ritmo externo, sino que se adapta al tiempo del otro ser. Se aprende cuándo actuar y cuándo esperar. La presencia se vuelve más importante que la acción constante.

Esta lógica contrasta con los paradigmas dominantes en los sistemas tecnológicos contemporáneos, construidos principalmente en torno a la predicción, la optimización y el control del comportamiento.

imagen por Dave Hoefler

Del control a la compañía

Gran parte de la infraestructura digital actual está diseñada para guiar, influir y regular comportamientos. A través de métricas, recordatorios, notificaciones y bucles de retroalimentación, los usuarios son continuamente instados a actuar, responder y mejorar. Este enfoque refleja una lógica gerencial, donde los sistemas supervisan y optimizan la actividad humana.

Una perspectiva orientada al cuidado sugiere un modelo diferente. En lugar de actuar como supervisores, la tecnología podría concebirse como compañera. Una compañía no manda ni interviene constantemente. Ajusta el ritmo, respeta el silencio y respalda la autonomía. Está presente sin ser intrusiva.

Este cambio del control a la compañía implica una reorientación fundamental del diseño de interacción. Requiere alejarse de la idea de que más guía, más retroalimentación y más interacción siempre son beneficiosas.

Diseño Calmado como ética del cuidado

El diseño calmado a menudo se describe en términos de reducción de distracciones o carga cognitiva. Si bien estos son resultados importantes, no capturan su dimensión ética más profunda. En esencia, el diseño calmado propone una relación distinta entre sistemas y usuarios, basada en respeto por la atención, los ritmos y la autonomía.

Desde esta perspectiva, el diseño calmado puede entenderse como una forma de cuidado. Plantea preguntas distintas a las del diseño orientado a la eficiencia o al engagement:

  • ¿Este sistema crea espacio o lo ocupa?
  • ¿Apoya los ritmos humanos o los anula?
  • ¿Favorece la autonomía o genera dependencia?
  • ¿Acompaña o dirige?

Diseñar con cuidado implica reconocer que no todos los momentos deben llenarse, no todas las acciones deben ser sugeridas y no todos los silencios deben interrumpirse.

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La confianza no puede acelerarse

El cuidado es inseparable del tiempo. Se despliega gradualmente, mediante la repetición, la espera y la presencia sostenida. La confianza no puede acelerarse. El descanso no puede comprimirse. La comprensión no puede forzarse.

Sin embargo, la mayoría de los sistemas digitales contemporáneos están estructurados en torno a la aceleración. Ciclos más cortos, respuestas más rápidas, interacciones más frecuentes y compromiso continuo se tratan como indicadores incuestionables de éxito.

El diseño calmado desafía este paradigma al reintroducir la lentitud, las pausas y la generosidad temporal en la interacción. Esto no es un rechazo de la eficiencia, sino el reconocimiento de que la experiencia humana no siempre se beneficia de la velocidad. En muchos casos, la contención es una opción de diseño más ética y sostenible.

Diseñando condiciones en lugar de comportamientos

Es crucial distinguir entre moldear comportamientos y moldear condiciones. Moldear comportamientos busca dirigir acciones directamente, a menudo mediante incentivos, restricciones o persuasión. Diseñar condiciones, en cambio, se centra en crear entornos donde puedan surgir elecciones significativas.

El cuidado opera a nivel de condiciones. Genera seguridad, claridad y espacio para la autodeterminación. Una interfaz calmada no indica continuamente a los usuarios qué hacer. Los ayuda a comprender qué quieren hacer.

Este enfoque acerca el diseño más a prácticas de cultivo que a prácticas de control.

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Diseñando un mundo que cuida

Si entendemos el diseño como una forma de moldear el mundo, diseñar como cuidado representa un compromiso con un mundo no solo más funcional, sino más habitable. Promueve tecnologías que protegen la atención en lugar de competir por ella, que respaldan la presencia en lugar de fragmentarla y que dejan espacio para el juicio humano en lugar de reemplazarlo.

El cuidado, en este sentido, no es una característica más. Es una orientación. Una forma de situar el diseño dentro de una responsabilidad ética más amplia frente a la vulnerabilidad, la finitud y la interdependencia humanas.

En una cultura tecnológica cada vez más impulsada por la extracción, la aceleración y la optimización, diseñar como cuidado puede ser una de las posturas más radicales y silenciosas que el diseño puede adoptar.



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