IMAGEN POR Geronimo Giqueaux
Para muchas personas neurodivergentes, la calma no es una preferencia. Es su única forma de acceso.
Hace unos meses, publiqué una serie de plantillas en Notion a través de las cuales buscaba explorar métodos de diseño calmado que permitieran mapear experiencias de usuario más allá de las métricas habituales. En lugar de centrarse en demografía y objetivos, estas herramientas se enfocaban en dimensiones sensoriales, emocionales y atencionales. Una de ellas, el Mapa de Experiencia Calmada o Calm Experience Map, estaba dirigida a diseñadores UX y de servicios que quisieran descubrir oportunidades para interacciones más conscientes y menos abrumadoras.
No obstante, alguien la usó de una manera completamente distinta.
Una persona con TDAH y autismo me escribió para decirme que la plantilla le había ayudado a comprender mejor su forma de relacionarse con el mundo. No se trataba de un diseñador diseñando un producto, sino de una persona navegando su propia experiencia:
“Recientemente me diagnosticaron autismo, y también tengo TDAH. Me cuesta mucho identificar cómo me siento, así que nunca presté demasiada atención a mis sensibilidades sensoriales (aunque definitivamente tengo muchas). Esta herramienta me ayuda a hacerme las preguntas adecuadas para entender mi experiencia en el mundo y aprender a gestionar mejor mi salud mental.”
Este tipo de retroalimentación me recuerda por qué diseño herramientas como esta. No para predecir comportamientos, sino para darles espacio.

The «Calm Experience Map Template» offers an alternative to traditional user personas, focusing on designing for a more calming and less intrusive user experience.
Más allá de las personas ficticias: mapeando lo sensorial y lo atencional
Los métodos de diseño tradicionales suelen basarse en personas, customer journeys u objetivos de optimización. Aunque estos pueden ser útiles, la realidad es que tienden a generalizar o aplanar la experiencia humana real, especialmente la de quienes perciben y procesan el mundo de formas distintas a la norma.
El Mapa de Experiencia Calmada fue diseñado como contrapeso. Este pregunta: ¿Cómo se siente estar en un espacio? ¿Qué sensaciones dominan? ¿Qué agota o restaura la atención? ¿Qué señales emocionales están presentes? No busca el camino más rápido, sino que explora el clima emocional del trayecto.
Y resulta que este tipo de mapeo resuena profundamente entre personas neurodivergentes. No solo como herramienta de investigación, sino especialmente como herramienta de autoexploración.

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Por qué la calma importa en el diseño neurodivergente
La neurodivergencia se caracteriza a menudo por diferencias en el procesamiento sensorial, la regulación emocional y la gestión de la atención. Personas con autismo, TDAH, trastornos del procesamiento sensorial o ansiedad describen con frecuencia sentirse sobreestimuladas en entornos que no fueron diseñados teniendo en cuenta sus necesidades.
Interfaces que exigen decisiones rápidas, espacios físicos que saturan los sentidos, servicios impredecibles… No son solo incómodos. Pueden resultar alienantes, incluso agotadores.
Cuando entendemos el diseño calmado como una práctica sensorial y atencional, comenzamos a ver su impacto. No se trata de hacer todo minimalista. Se trata de hacerlo navegable.
Diseñar para la regulación sensorial y la carga cognitiva
Las investigaciones en torno a la neurodiversidad —especialmente sobre TDAH y autismo— muestran que la sobreestimulación y la imprevisibilidad son fuentes clave de malestar. Interfaces y entornos repletos de notificaciones, cambios repentinos o estructuras poco claras pueden generar saturación, colapsos o una especie de laberinto cognitivo que agota la energía necesaria para la tarea real.
El diseño calmado no significa eliminar los estímulos. Significa construir experiencias que respeten el sistema nervioso.
Patrones predecibles, jerarquías espaciales claras, tipografías consistentes y estructuras estables ayudan a reducir la fricción cognitiva sin restar riqueza a la interacción. No es minimalismo por el minimalismo en sí. Es silencio intencional, que da espacio a distintas formas de procesar la información.
Herramientas como la presentación gradual de contenido, la información por capas o las respuestas rítmicas pueden apoyar las funciones ejecutivas de la atención. Por ejemplo, interfaces que permiten personalizar la frecuencia de notificaciones o desactivar animaciones ofrecen autonomía y control sensorial.
Estas opciones no son “un extra”. Para muchas personas, son la diferencia entre la inclusión y la exclusión.

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Diseñar para la pluralidad, no para la eficiencia
Diseñar para la neurodivergencia implica renunciar al “usuario promedio”. Reconocer que lo que abruma a una persona puede calmar a otra. Que la claridad no significa lo mismo para todos. Implica cambiar la eficiencia por flexibilidad. La optimización por amplitud.
El diseño calmado nos invita a crear herramientas y sistemas que formulen otras preguntas. No solo “¿Qué quiere hacer el usuario?”, sino también “¿Cómo se siente al estar aquí?”. No solo “¿Cuál es la tasa de conversión?”, sino “¿Este es un lugar donde alguien puede pensar, pausar, reflexionar?”.
Este cambio no busca hacer las cosas más lentas. Busca abrir espacio para diferentes formas de ser y estar.
Abrir el espacio
Eso fue, en definitiva, lo que hizo el Mapa de Experiencia Calma. No porque hubiese sido diseñado específicamente para personas neurodivergentes, sino porque permitió la auto observación atencional. Ayudó a alguien a verse dentro del sistema.
Al final, el diseño calmado no se trata solo de productos. Se trata de crear condiciones donde las personas puedan habitar y habitarse, tal como son. Donde sus formas de percibir, procesar y estar no solo son toleradas, sino bienvenidas.
A veces, lo más radical que puede hacer el diseño es escuchar en silencio y abrir espacios.